
María del Carmen Pallerols
Peñagrande (Madrid)
30 de mayo

«He dado todo mi corazón y mi cariño, y he procurado ayudar, pero como era mi obligación, no hecho nada extraordinario».
Y sí que era extraordinaria, aunque ella no lo viese, porque cientos de utreranos que han pasado por las aulas de nuestro colegio guardan un cariño especial a María del Carmen Pallerols, a pesar de que hayan transcurrido muchos años de aquel momento.
Madre María del Carmen, como todo el mundo la conocía, llegó a Utrera en septiembre de 1951, recién salida del noviciado. Desde entonces, ha pasado la mayor parte de su vida en esta localidad, ya que volvió a marcharse en el año 1970 a otros destinos como Madrid y Sevilla para terminar volviendo en 1985. Desde hace algunos años estaba en Madrid.
Ella siempre dijo: «estuve muy a gusto en mis otros destinos, pero lo cierto es que tenía ganas de volver, porque yo siempre he querido mucho a Utrera y a su gente».
Todos coincidimos en estas palabras que se repiten: «hablar del colegio Sagrada Familia es hablar de ella. Siempre ha sido un referente y ha derramado mucho amor a los demás».
Su dulzura, su cercanía, su educación, su saber estar y tener siempre la palabra oportuna son algunas de las bondades con las que definen a esta religiosa del Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell.
A los 97 años de edad y 75 años de profesión religiosa, nuestra hermana María del Carmen Pallarols ha partido a los brazos del Padre.
Mujer emprendedora, trabajadora, vivía el carisma de Ana María Janer cuidando a cada uno como "una madre cariñosa".
Hoy reza por nosotros desde el cielo y protege a todos los que hemos tenido relación con ella.
Descanse en paz, María del Carmen.
Queda en el corazón de Utrera.
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Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad,
en el funeral de nuestra hermana Mª del Carmen Pallerols
Queridas hermanas:
Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, el misterio más grande de nuestra fe. Pero como bien sabemos, hoy no venimos a reflexionar sobre una teoría abstracta de teólogos, ni sobre una fórmula matemática difícil de comprender. Hoy celebramos el ser mismo de Dios. Y la pregunta que late en el corazón de esta fiesta es: ¿Quién es Dios?
Jesús nos lo revela de manera transparente en el Evangelio durante su encuentro nocturno con Nicodemo. Dios no es un ser solitario, lejano, un juez severo u obsesionado con el castigo. Jesús nos dice hoy: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su unigénito… para que el mundo se salve por él.» Dios es amor, es comunión, es relación y es donación recíproca. El Padre ama al Hijo, el Hijo vive para el Padre y el Espíritu Santo es el lazo vivo de ese amor. En Dios, existir significa vivir para el otro.
Y porque fuimos creados a su imagen y semejanza, nosotros solo encontramos la plenitud cuando salimos de nosotros mismos para amar. En un mundo hiperconectado por pantallas, pero profundamente solo en su interior, la Trinidad nos recuerda que nadie se salva solo y que la vida eterna empieza aquí, cuando rompemos el egoísmo y creamos lazos verdaderos.
Qué belleza y qué providencia que este domingo, al contemplar este misterio de comunión, la Palabra de Dios se vuelva carne y ejemplo al recordar a nuestra querida Madre Mª del Carmen Pallerols quien, a sus 97 años de edad y 75 de profesión religiosa, ha partido ya a los brazos de ese Dios Trinidad.
Ella decía con una humildad que conmueve: «He dado todo mi corazón y mi cariño y he procurado ayudar, pero como era mi obligación, no he hecho nada extraordinario.» Ella no lo veía, pero todos nosotros sí. Porque encarnó perfectamente el misterio que hoy celebramos: no vivió para sí misma, vivió para los demás.
Desde que llegó a Utrera en septiembre de 1951, recién salida del noviciado, su vida se entrelazó con la gente de este pueblo. Y aunque los caminos de la obediencia la llevaron a Madrid y Sevilla, su corazón se quedó allí: «Tenía ganas de volver -decía ella- porque yo siempre he querido mucho a Utrera y a su gente.» Es que hablar del colegio Sagrada Familia es hablar de ella.
Madre Mª del Carmen no nos enseñó una teoría sobre Dios; nos hizo sentir a Dios a través de su dulzura, su cercanía, su educación, su saber estar y esa palabra oportunidad que siempre tenía en el momento exacto. Vivió el carisma de Ana María Janer, cuidando a cada alumno, a cada persona, como «una madre cariñosa». En un mundo que nos empuja al individualismo, ella prefirió la entrega. En vez de la frialdad, derramó amor.
Al igual que Nicodemo, a veces buscamos respuestas en la noche de nuestras dudas. La respuesta de Dios para los que la conocimos y de manera especial para las que habéis compartido vida, durante tantos años, fue la dedicación de la propia vida de esta religiosa. Ella nos demostró que hacer lo ordinario con un amor extraordinario es la forma más pura de reflejar a la Santísima Trinidad en la tierra.
Hermanas, la muerte no rompe la comunión. El Dios en el que creemos es un Dios de vivos. Hoy la madre Mª del Carmen ya no camina por los pasillos del colegio o de esta casa, pero reza por nosotros desde el cielo y nos protege. Su recuero queda blindado en el corazón de todos aquellos que la habéis conocido y compartido trabajos y fatigas y comunión fraternal.
Que al celebrar hoy la Eucaristía nos comprometamos, como ella, a revisar nuestras relaciones, a sanar divisiones, a vivir en paz y a recordar que solo quien aprende a salir de sí mismo para amar, comienza verdaderamente a vivir.
Madre Mª del Carmen, descansa en la paz y en el amor eterno de la Trinidad. Amén.
Padre José Luis Moreno Blasco, sacerdote somasco
(Capellán de la comunidad de Peñagrande)