
Consuelo Canuto Cruz
Peñagrande (Madrid)
13 de noviembre de 2025

Homilía de la misa funeral leída por el padre José Luís Moreno Blasco, sacerdote somasco, capellán de la comunidad de Peñagrande.
Madre Superiora, hermanas de la Sagrada Familia de Urgell de esta comunidad y las que venís de otras comunidades, familiares de la hermana Consuelo, hermanos en el sacerdocio, a vosotras hermanas de diversos carismas, religiosas que cada mañana nos reunimos en esta capilla para compartir la celebración de la Eucaristía.
Hoy esta celebración adquiere un cariz distinto, es la celebración funeral por la hermana Consuelo, que el día 13 de noviembre sobre las 18h fallecía en el hospital.
Siempre cuando una persona allegada, por ser familia, por ser hermana del mismo instituto, aunque sea simplemente conocida, nos entristece por lo natural que conlleva la separación, ha pasado a la casa del Padre para vivir para siempre y cuando una persona querida se va, siempre quedan en nuestro corazón muchos recuerdos y ella se lleva también muchos, sobre todo las que habéis compartido trabajos comunes, comunidad.
Yo la conocía desde que llegó aquí. Siempre respetuosa y silenciosa, confiaba plenamente en la misericordia, en su afán de asumir la nueva realidad. Y es que nuestra vida está llena de pinceladas de la presencia de Dios.
Consuelo desarrolló por muchos años su trabajo en Pola de Lena (Asturias). Se la veía afanosa en el servicio del comedor y el humilde servicio de la lavandería y una curiosidad que su dedicación a las plantas le llevaba a hablar con ellas dando la impresión de comunicarse con cada una. También en su periodo pasado en Dos Hermanas (Sevilla) donde vivió una profunda espiritualidad manifestada en el trabajo, en el amor y la caridad.
Durante su trabajo pastoral desarrollado en Pola de Lena, vio dar fruto en un sacerdote que, un poco antes de que ella fuera trasladada a esta casa, había fallecido. Decía este sacerdote que su vocación era fruto del trabajo y testimonio que la hermana Consuelo le había dejado. Decía él que con su ayuda consiguió salir de un estilo de vida con hábitos un poco cuestionables, alejado de Dios y de la Iglesia. Ella le ayudó a salir de esta situación, acompañándolo en su proceso de conversión hasta llegar a ser sacerdote. Él públicamente así lo manifestaba.
Este es el prodigio de la fe, el prodigio de una vida religiosa empeñada en transformar lo que da señales de muerte en vida, de transformar el dolor en gozo sereno, “porque la vida de los que en ti creemos no termina, se transforma, y al deshacerse nuestra vida terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.”
Celebramos esta Eucaristía en sufragio por la muerte de una persona consagrada, de una religiosa del Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell. La consagración es la concreción de ese deseo de estar con Cristo en una unión que se prepara en este mundo y llega a su plenitud en el cielo.
Gracias, hermana Consuelo. Gracias por tu testimonio de vida. Gracias porque tú estar con Cristo no te distrajo de tus quehaceres diarios. Gracias porque tu estar con Cristo fue el aliciente de hacerlo todo con amor, por amor a Él, tu Esposo, al cual te entregaste totalmente y en cada detalle de las tareas que se te encomendaron allí con el voto de obediencia.
Que la Madre del cielo te lleve en sus brazos para mostrarte el rostro glorioso de Jesús, su Hijo, y puedas cantar las alabanzas divinas por toda la eternidad.
Descanse en paz.