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Rosario Balasch Ribalta

Los Molinos (Madrid)
31 de marzo de 2018
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-MONICIÓN DE ENTRADA DE LA MISA DE EXEQUIAS-

Madrid, 2 de abril de 2018

 

«Queridos familiares de Rosario, hermanas y hermanos todos:

Nos reúne el Señor Resucitado en este Lunes de la Octava de Pascua, para despedir y dar gracias a Dios por nuestra hermana Rosario, que pasó a la Otra Orilla, la mañana del Sábado Santo, hace apenas dos días. 

Regresaba de enterrar a Antonia, su hermana mayor… y, en el trayecto, se encontró nuevamente con ella… pero, esta vez, en la eternidad. Cuando salía de Lérida, emprendía, sin saberlo, su último viaje. Rosario, que no esperaba morir en aquel momento, encontró a Jesús en su camino, quien la tomó amorosamente entre Sus Brazos y la llevó definitivamente junto a Él: al Seno trinitario.

 

La muerte inesperada y abrupta nos sobrecoge y conmociona especialmente. Nos sucede como a los discípulos ante la muerte de Jesús: incredulidad, estupor, parálisis… No comprendemos nada. El impacto de la terrible noticia ofusca nuestra mente y oprime nuestro corazón. Sin capacidad de reacción, pareciera que el cielo se desploma a nuestros pies y, atenazadas por el intenso dolor, nos preguntamos: ¿Qué nos pide el Señor? ¿Qué nos está queriendo decir? ¿A qué nos llama? ¿Por qué? Y volvemos nuestros ojos hacia el Señor Resucitado, en quien encontramos todas las respuestas. Sí: dirigimos la mirada al Señor de la Gloria quien, con inmensa ternura y compasión, nos muestra las llagas de su Pasión. Es entonces, sólo entonces, cuando encontramos sentido al sufrimiento, la enfermedad, la muerte… Incluso a la muerte inesperada y prematura, como la de nuestra hermana Rosario. 

Desde que Jesús padeció y murió por nuestro amor, la muerte no es el final. La muerte ya no tiene poder sobre nosotros. Desde aquel momento, sabemos que “morir sólo es morir; morir se acaba”… Desde aquel momento, “morir es cruzar la Puerta y encontrar lo que tanto se buscaba… Ver al Amor sin enigmas ni espejos… y hallar, dejando los dolores lejos, la Noche-luz, tras tanta noche oscura” (es José Luis Martín Descalzo, quien me presta algunos de sus sublimes y conmovedores versos …)

 

Rosario ha cruzado el Umbral de la muerte y ha pasado a la Vida. Ha encontrado al Amor de su alma. Ha llegado a la Luz. 

 

La recordaremos siempre como lo que fue: una mujer vital, alegre, amable, cercana, decidida…, con especial sensibilidad y cualidades para llevar el Evangelio a los jóvenes. Le gustaba especialmente trabajar en la pastoral juvenil y vocacional. Una vez jubilada como profesora, dedicó su actividad apostólica en Los Molinos, comunidad a la que actualmente pertenecía, a la pastoral familiar con grupos de matrimonios.  Se ganó la confianza de las hermanas y desempeñó cargos de gobierno en la Congregación durante muchos años, casi toda su vida. Amante de Ana María Janer, nuestra beata fundadora, mujer de fe, confiada a Dios y entregada a la misión encomendada, aceptando - aun en momentos de oscuridad - la voluntad de Dios. 

 

Demos gracias a Dios por nuestra querida hermana Rosario. Por su vida. Por cuanto nos ha dejado. Por el bien repartido entre tantas personas a las que atendió con verdadera dedicación. Por el servicio fraterno a nosotras, sus hermanas. Y demos gracias también por su muerte inesperadamente sobrevenida, asociada a la muerte del Hijo, unida a María en el día de su Soledad: Madre nuestra. 

 

Pese al profundo dolor por su inesperada partida, nos conforta la certeza de la Resurrección. Sabemos que goza para siempre. Que ha pasado de la muerte a la Vida. 

 

Pidamos al Señor Resucitado, que dicha certeza inunde nuestros corazones de Esperanza en la Vida que no muere. Y que ella, desde el cielo, interceda por todos nosotros.» 

-Hna. Carmen Capilla Roncero-

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